jueves, 17 de marzo de 2011

Dulce

La silueta de su cuerpo, como los relojes de arena, y su mente, parecida. Sin llegar a un fondo, lo pequeñito se anclaba, despacito, a simple vista, hasta tocar el fondo de lo que ella llamó su todo.
No sabría utilizar palabras para definir su estado. Era un tanto incomprensible, aquella joven. Era imperceptible. Sugestionaba.
No creo que se conociese, que supiese realmente, qué sentía, o eso percibí al mirarla aquella tarde. Ojos decaídos de forma continua, hasta percatarse de que la miraba, era entonces, cuando su mirada cambiaba, repentinamente, y se hacía dulce. Así la definiría, dulce. Dulce e imaginativa. Creadora de sueños. Derrochadora de vida.
Incapaz de hacer daño. Aunque quisiese, no podría.
Nunca me enamoré de ella, no fui capaz.
Era buena. Guapa, no mucho, pero tenía ese encanto. Ojos que gritaban. Dientes blancos y aliento puro. No he logrado encontrar una sonrisa como la suya, ni espero hacerlo. El hondeo de su pelo era sincero. Más que yo, que jugué con su suerte, su imaginación, su dulzura, su cuerpo de reloj de arena.