jueves, 26 de agosto de 2010

¿Esto es la felicidad?

Saber de repente que todo es aliado,
que la vida me estrecha
entre sus brazos maternales.
Y no temer ya nada,
ni que se desvanezca el indecible abrazo...

Pero, si desaparecieras
tú, ¿te llevarías esto
como te llevas el color de tus ojos,
o lo dejarías un poco junto a mí
como dejas tu olor?...

Con un final no feliz.

La joven corría sola, sin un rumbo concreto.
El viento y la lluvia se encargaban de desfigurar su aspecto ya demacrado.
El rimel tintaba su cara pálida y sus ojos azules se nublaban y enrrojecían sin poder evitarlo.
Vagaba por las vías del tren sin pensar nada. Ya no perseguía un -"¿Por qué?". 

Esta pregunta había quedado olvidada tiempo atrás cuando sus padres le contaron que su madre tenía cáncer, que ya era tarde como para actuar, que ya no había nada que hacer mas que esperar...
A sus casi diecisiete años, Mery tuvo que enfrentarse a una cruda realidad, a un cambio repentino y fuerte en su vida, a la aceptación de la muerte de la mujer que le dió la vida. A la que recordaba siempre riendo, ayudando a todos, de la que jamás recibió una mentira, un reproche, un bofetón...

Llegó el día en que a la hora del desayuno no despertó, no contestó a los gritos y zarandeos de su hija, y ya no lo haría nunca...

Sola. Así se sentía Mery, como abandonada por el Dios en el que nunca creyó, pero que en este momento le habría gustado que existiese y que de un milagro salvara a su madre enferma.

Vencida, tirada en la vía, después de horas bajo la incesante lluvia sufriendo, la joven espera el tren que en cuestión de segundos, conseguirá reunirlas.

miércoles, 25 de agosto de 2010

Una sonrisa se levanta.

Una sonrisa se levanta, porque tú me has hecho cosquillas.

Sé que no eres ese tipo de persona que se enternecerá profundamente con esto, tampoco lo pretendo.
Me gusta tu forma de ser, no cambiaría esto. Te fias de hechos, de algo que ocurre y no de palabras indefensas. Es inteligente.
Yo soy un poco boba, y si escribo esto es porque no sabría decirlo tan bien en persona, aunque me gustaría, y puede que algún día lo intente.

Me gustas, me gustas mucho. Me gusta cómo eres, cómo te portas con la gente, conmigo.
Me gusta como hablas, me haces reir con esa palabra de cada tres que te inventas, esas que son de tu diccionario personal como: glucocema, curitario y un largo etc.
Me gusta que compartamos besos en salas de cine, casi vacías o llenas.
Me gusta cuando me dices algo bajito, para que sólo lo escuche yo, aunque estemos solos. Me estremezco.
Me gusta que me enganches el cuello y pese a que te diga que pares no lo hagas.
Me gusta que me mires con esos ojos que solo tienes a veces, en ocasiones puntuales.
Me gusta que me vaciles y te rias. Porque me encanta tu risa.
Me gusta cuando te pones: serio, mimoso, gracioso, bobo...
Me gusta que me des muestras de confianza, que me digas que contigo no debo tener vergüenzas ni complejos.

Pero sobre todo, sobre todo, me gusta sentirme así de bien cuando estás a mi lado y te agarro o te beso la nariz o juego con tu piercing o intento deborar una de tus orejitas o te pellizco el culo.