La nariz de Ivo está silbando, y me río bajito que no quiero despertarlo, no todavía. Que descanse.
Le envidio por su forma de dormir y evadirse del mundo.
Esta tarde necesitaba descansar un poco pero... ¡qué bueno es el cansancio sano!, estas son ojeras de pensadora, no de frágil.
No sabría explicar en qué estado me encuentro, pero está bien. Por fin aclaro ideas. Por fin sé que no quiero.
Soy pequeña, pero me gusta darme cuenta de que voy creciendo.
Con paciencia y buen humor, pasito a pasito pero con ganas.
Se escucharon grillos.
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